Inés y Carol se iban a comer a casa.
-Bueno, ya me contaréis esta tarde.
-Vale Miranda, nos vemos luego.-se despidió Carol.
-Chicas, yo me quedaré un rato por la biblioteca a ver los libros de este año, luego iré a comer. ¡Hasta luego!
-Adiós Miranda.- se despidieron y corrieron hacia la puerta.
Comencé a dar vueltas por las estanterías estudiando cada libro, con su cubierta. No había demasiada variedad con lo que se debe al año pasado. Pero sí habían traído libros nuevos de lectura aburrida, como los libros de biología o química, libros que nadie quería leer. Absurdo.
Iba caminando por la estantería de poesía cuando al girar me encontré con él.
Allí estaba, tan perfecto como lo recordaba, solo que más alto. Apoyado en una columna leía algún tipo de revista de deporte, pero pronto la cerró. No le interesaba demasiado. No levantó la vista, por lo que creo que no me vio, pero aun así disimulé buscando algún libro.
Los nervios me carcomían, y se me cayeron los libros que sujetaba. Siempre había sido patosa, pero cuando los nervios me invadían era algo totalmente irreparable. El estruendo hizo que se percatara de que estaba allí, y se acercó a mí, para recoger el libro que se había caído. Me quedé inmóvil, sin saber que decir.
-G-gracias- tartamudeé. En ese momento deseaba que la tierra me tragase. Tenía que fastidiarlo justo ahora.
-No recordaba que tartamudeases- dijo Álex riéndose entre dientes. No pude evitar sonreírle.- ¿Cómo estás? ¿Qué tal ha ido el verano?
-Eh, bueno, ya sabes, genial. Estuve en mi pueblo, la playa... ¿Y tú qué tal?- intentaba controlar los nervios, pero parece ser que a pesar de mis intentos la voz se me quebró. Estoy segura de que lo notó.
-Yo también genial, con los amigos. Me fui de viaje a Alemania. Estuvo muy bien.
-Sí que estuvisteis lejos entonces.
-¿Qué pasa? ¿Me has echado de menos?- dijo sarcásticamente.
Ojalá lo dijese en serio. Deseaba responderle que sí a gritos, pero tuve que controlarme. Después de todo, estábamos en una biblioteca.
Me limité a sonreírle, y le miré a esos ojos verdes tan bonitos. No recordaba lo preciosos que eran, la intensidad con la que me miraban. Pensé que en cualquier momento me derretiría. Él me devolvió su sonrisa.
Antes de que pudiera decirle algo, su mejor amigo, Jared, le llamó por detrás.
-¡Enseguida voy Jared! Bueno, nos veremos, supongo.
-Supongo- respondí tímidamente.
-¿Sabes una cosa?- me preguntó.
-¿El qué?
-No me acordaba de lo mucho que me gustaba tu sonrisa.
Antes de que pudiera sonrojarme, se dio media vuelta y se dirigió hacia su amigo Jared. Mi sonrisa. Eso sí que no me lo esperaba. Nunca me había dicho eso. En un acto inconsciente, me apoyé contra la estantería y sonreí. No me lo podía creer. Álex, ¡Álex! me había dicho que le gustaba mi sonrisa.
El sonido del timbre me pilló por sorpresa, di un salto y me dirigí hacia el comedor, todavía sin creerme lo que acababa de pasar.

