viernes, 12 de agosto de 2011

bUSCANDO LAS ESTRELLAS: PRIMER CAPÍTULO

Fui a abrir la puerta cuando se me cayeron las llaves. Me agaché a recogerlas y al levantar me encontré con aquello que tanto ansiaba. ¿Acaso intentaba hacerme rabiar? Sabía perfectamente que sus ojos, su sonrisa… todo me volvía loca, pero ahí estaba él, abriendo ya la puerta.
-Pasa- hizo un gesto con el brazo para que pasara al patio, sujetando la puerta con una gran sonrisa en la cara. No pude evitar sonrojarme.
Pasé agachando la cabeza y sonriendo para mí misma. Mientras llamaba al ascensor escuché como la puerta se cerraba detrás de mí. Los nervios me comían viva y yo deseaba que el ascensor estuviera en el primer piso para que bajara con rapidez. 
La puerta se abrió y cuando yo estaba dentro, él la paró con la mano.
-Yo también tengo que subir. Hay sitio para los dos, ¿no?- dijo.
-Sí, sí, lo siento.- tartamudeé.
Me apoyé al lado de los botones, y él presionó el número cinco sin dejar de mirarme. Aquel gesto me enmudeció, y el brillo de sus ojos lanzaba calambres por debajo de mi piel.
Permanecimos los dos callados hasta que el ascensor marcó el número 5. En ese momento desconecté de su mirada y me dirigí a abrir la puerta. Pero algo me cogió por detrás. Su mano agarró mi brazo fuertemente. 
-¿Qué haces?- dije, perpleja. –Ya hemos llegado a mi piso.
-Quiero enseñarte algo.
Marcó el número 10. Último piso. ¿Qué narices tramaba? Ya llegaba tarde a casa, ¿es que quería que mi bronca fuera mayor? Abrí la boca para decirle que me dejara ir. Pero entonces él me puso el dedo en los labios haciéndome callar. 
¡pin! Número 10. Ya habíamos llegado. 
Abrió la puerta y esta vez esperó a que yo saliera, cosa que me costó.
-¿Se puede saber para qué subimos hasta aquí? Oye, ya llego tarde, la bronca va a ser…
-¿Puedes dejar de ponerte nerviosa, por favor? Confía en mí.
Sí. Claro. Que confiara en él. Después de tanto tira y afloja de aquellos días entre él y yo ya no sabía qué pensar. Sin embargo le hice caso y le seguí por las escaleras que llevaban hasta un rellano. Encendió una luz y abrió una puerta de metal con un chirrido espantoso. 
-Vamos- me dijo. Extendió la mano, y al cogerla de pronto me sentí tranquila. –Cierra los ojos. 
-¿Estás loco?
-No, en serio, confía en mí, por favor.
Los cerré. Él me guió durante unos pasos y me soltó la mano.
-Ábrelos.


ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO! EL SIGUIENTE CAPÍTULO NO TARDARÁ! :)

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