martes, 16 de agosto de 2011

BUSCANDO LAS ESTRELLAS: SEGUNDO CAPÍTULO

¡AQUÍ ESTÁ EL SEGUNDO CAPÍTULO! (TAMBIÉN ES EL ÚLTIMO JEJE) Espero que os guste :)



-¿Estás loco?
-No, en serio, confía en mí, por favor.
Los cerré. Él me guió durante unos pasos y me soltó la mano.
-Ábrelos.
Lo que vi parecía algo sacado del cuadro más hermoso del planeta. Ante mí tenía la gran extensión de agua de la playa. El mar era negro como el carbón, y aunque era de noche, contrastaba con el cielo, que era de un azul tan profundo… Las estrellas lo adornaban y cada una de ellas parecía especial. Pero la luna, blanca, redonda y brillante destellaba allí a lo alto, provocando que en medio del mar tranquilo se formara un camino iluminado de blanco, marcando cada una de las ondas.
Lo que aquel espacio tan abierto me hacía sentir era increíble. No podía dejar de apreciar cada trozo de aquel paisaje tan precioso. 
Entonces recordé con quien estaba. Me giré para contemplarlo con las  manos en los bolsillos. Me miraba a mí, y no aquel paisaje. El aire suave rozaba nuestras caras y todo parecía flotar.
-¿Te gusta?
Sólo pude sonreír en forma de respuesta. 
-¿Por qué me has traído aquí?
-Porque al ver esto, se la sensación que produce.
-¿Y bien?
-Es la única forma de explicar lo que tú me haces sentir.
Vaya. Esto es un sueño. Andrea, despierta. Me pellizqué la mano para comprobarlo. ¡Ay!
-¿En serio?- le dije.
Asintió, mientras se acercaba poco a poco. Juntó sus manos con las mías y las miradas se fundieron en una sola. Aquello que tenía delante era mucho más bonito que cualquier vista. Ese brillo en los ojos ganaba a cualquier paisaje. 
Podía escuchar las olas de fondo, pero lo que más se escuchaba era los latidos de mi corazón, y del suyo, que sólo se separaban ya por unos pocos centímetros.
Música: “Skies are crying, I am watching…” 
No podía ser. Increíble. Justo ahora tenía que sonar el teléfono. 
-Es mi madre.- conseguí vocalizar. –Debe de estar preguntándose dónde estoy.
Cogí el teléfono para escuchar los gritos de preocupación de mi madre y las típicas preguntas: ¿Dónde estas? ¿Qué no has visto la hora?....
-Lo siento, pero me tengo que ir. 
Me dirigí corriendo por la terraza hacia la puerta de metal. De repente, noté como mi brazo era cogido de nuevo hacia atrás, mientras le escuché decir:
No te puedes ir sin que me des esto.
Y al girarme, me cogió de la cabeza suavemente para acercar su cara a la mía y besarme. Parecía furioso, incontrolable. Tanto él como yo habíamos esperado este momento, y nuestro deseo de el uno por el otro se cumplió con ese beso. 
Al separarnos, nos sonreímos. 
-Por fin- dijo.
-Por fin. 

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