domingo, 22 de abril de 2012

CAPÍTULO 9 (NOVELA)

Hola a todos! 
LO SIENTO LO SIENTO LO SIENTO! No he podido subir nada por que de verdad que me han faltado horas cada día... asi que hoy renuevo el blog y os paso un capítulo un poco más largo de lo normal y un trocito :)  intentaré subir otro capítulo lo antes posible! 
Para aquellos que no sepan cómo ver los demás capítulos, que me lo  han preguntado varias veces:
En la barra de la derecha tenéis ENTRADAS POPULARES y abajo otro apartado, donde veréis varios meses. Como empecé esto en 2011, pues también hay dos años. CUANTO ANTES ESTÉ ESCRITO, MÁS VIEJO ES, con lo cual ahí podéis ver todos. Recordad que hay varios "trocitos" que NO FORMAN PARTE DE LA NOVELA. Los capítulos son todos llamados así: CAPITULO .. (NOVELA), para que no os liéis! jajaja
Y ahora, si no recordáis el último capítulo, os resumo lo que pasó: Miranda recibe la petición de ese chico tan extraño, pero parece olvidarlo y no dice nada a nadie. Al día siguiente, se encuentra con Álex en el instituto y le acompaña a clase. Está a punto de decirle algo importante cuando oye unos pasos...


María.
Rápidamente me separé de Álex, por mucho que deseara quedarme abrazada a él.
¿Por qué el destino me dejaba rozar lo inalcanzable y me lo arrebataba al instante?¿Por qué, justo ahora, su EX tenía que encontrarnos?

Se nos quedó mirando durante un segundo, con cara de pocos amigos, especialmente a mí. Su pelo rubio tenía reflejos dorados por el Sol, y sus ojos parecían hechos de cristal. Iba vestida con una minifalda bastante corta, cómo no, y una busa fucsia de esas como las de las Barbies.

-Vaya, espero no interrumpir nada. ¿Álex, tú no tienes clase? Vamos, te acompaño a física.- dijo.
Maldita sea. Jamás podría competir con ella. Ella tenía el aspecto de una sirena y yo, bueno yo, era normal.

-Déjame en paz, María. Si no te importa voy a acompañar a Miranda a clase de matemáticas. Adiós.- respondió éste a mi sorpresa.
Me agarró de la espalda y me empujó prácticamente hasta que desaparecimos de la vista de María, pero yo sabía que nos habría seguido observando.
Antes de desaparecer me había lanzado una mirada fulminante, que habría acabado conmigo si fuera un arma.

-No me deja en paz.- se quejó Álex.
-¿María?
-Sí. Parece que no se le mete en la cabeza que ya no hay nada entre nosotros cuando me ve cerca de cualquier otra chica.- respondió.
-Vaya.- dije.
Nos paramos en la puerta de la clase. Una vez más se me quedó mirando. Yo me apoyé en la pared al lado de la puerta, observando como el pasillo del instituto brillaba bajo la luz color caramelo del Sol.
Apoyó su brazo izquierdo en el espacio de pared al lado de mi cara. Me sonrió.

-Siento que María nos interrumpiera antes.- dijo.
Sus ojos verdes brillaban como nunca, iluminados por el Sol. Clavó su mirada en mí, y nuestros ojos se miraron fijamente. Nunca en mi vida había sentido algo parecido a lo que sentía ahora.
En aquel momento sólo le veía a él, a su sonrisa perfecta, a sus ojos, a su piel, a su cuerpo.
-¿Qué ha interrumpido?
-Quería decirte algo.- dijo.
No reaccionaba ante lo que acababa de decir. Estaba demasiado ocupada admirando al chico que tenía enfrente.
-¿Estás libre este sábado? Tenía pensado invitarte a jugar a los bolos. ¿Qué te parece?- me dijo.
Estaba alucinando. Álex pidiéndome una cita. Vale, era evidente que estaba soñando. Me pellizqué la manno sin que él lo viera para saber si era todo verdad o producto de mi imaginación. Me hice daño, o sea, estaba pasando.

-¿Y bien?
En ese momento quería responderle que sí a gritos, dando saltos de alegría y después desmayarme y caer en sus brazos para que me protegieran, y despertar y encontrarme con sus labios... vale igual me paso un poco, pero eso era lo que sentía.
-Me parece estupendo, aunque no se me dan muy bien los bolos, así que no te rías si hago el ridículo... Es espantoso verme jugar, en serio. Supongo que tú serás muy bueno.- respondí, intentando que mi voz sonara lo más normal posible.
-Si quieres vamos a otro sitio.
-No, no. A los bolos está bien, igual me puedes enseñar. A ver si mejoro un poco...
-Bueno, vale. ¿A las cinco y media?
-Claro, allí estaré.
Sonó la campana.
-Hasta entonces.- dijo. Después me besó en la mejilla durante un segundo largo.

Aquel beso en la mejilla puede que no significara mucho, pero me hizo arder por dentro, y estuve a punto de desmayarme porque perdí el equilibrio. Menos mal que él ya no estaba allí para verlo.
Entré en clase, y, por la cara con la que me miraban Carol e Inés deduje que todavía parecía aturdida y fuera de lugar.
-¿Qué hablabais Álex y tú ahí fuera?- me preguntó Inés, ansiosa de una respuesta.
Carol le dio un codazo intencionado para que fuera un poco más cortés, pero eso no le quitaría la duda ni el ser tan cotilla.
-¿Qué? ¿No puedo preguntarle a mi amiga lo que habla con un chico?- dijo.
-No pasa nada, claro que puedes preguntar. Tiene tantas ganas de saberlo, Carol, que no sabe controlarse.- dije riéndome.
-Bueno, va, ¿nos lo cuentas o qué? Yo también quiero saberlo.- dijo Carol.
-Está bien... Adivinad quien me ha pedido una cita.
Las dos me miraron por un segundo sorprendidas. Luego vino la histeria.
Las tres comenzamos a saltar emitiendo chillidos agudos que hubieran roto una copa de cristal si hubiera una en la clase. Me extrañó que no se agrietaran las ventanas.

De repente nos cortó una voz.
-¿Por qué tanta alegría chicas? ¿Acaso estáis algo entusiasmadas por hacer clase? Si no os sentáis ahora mismo, examen sorpresa, a ver si eso os alegra tanto también.- dijo el profesor de francés.
Acababa de entrar en clase, y todo el mundo tenía los libros preparados encima de la mesa y estaban sentados y en silencio. Me sonrojé y quedó en evidencia que me sentía avergonzada de nuestros patéticos saltitos.
-Sí, profesor, ya nos sentamos, perdone.- dije.

Las tres nos dirigimos a nuestro sitio atrás en la última fila.
-Es insufrible...- dijo Carol.
-Y que lo digas.
Nos sentamos las tres. La clase estaba totalmente en silencio. Qué raro. Probablemente era porque el profesor de francés castigaba a todo aquel que se atreviera a producir algún sonido que no fuera el de un bolígrafo escribiendo o el de respirar. A Inés ya la había castigado varias veces. Era una charlatana.
-Miranda, me lo tienes que contar todo. Pero todo. Cada uno de los detalles.- me susurró Inés. ¿Acaso quería un castigo inmediato?
-No, ahora no, que ya sabes cómo es este, que nos castiga por lo que sea.
-Venga, Miranda, porfaa... Que ahora me has dejado intrigada.

-Señoritas, por favor.- dijo el profesor. No me había dado cuenta de lo cerca que estaba de nosotras. -Las conversaciones privadas las dejamos para fuera de clase, y más precisamente de MI clase. Si volvéis a hablar estaréis una hora castigadas después de clase.
Se alejó y siguió con su clase.

-Madre mía, si es que parece un radar.- dijo Carol.
-Es verdad, es...
-Ya está bien, señorita Inés y señorita Carolina, están ustedes dos castigadas después de clase.
Genial. Carol e Inés castigadas. Por lo menos yo me había salvado.
En ese momento sonó el timbre. Todos recogieron sus libros con una rapidez exagerada, y salieron pitando de la clase, algunos hasta corrían.
-¡No corran!- gritó el profesor desde la clase.
¿Pero es que este hombre no se cansa nunca?

Ya estábamos fuera de clase e Inés y Carol no hacían más que preguntas y más preguntas... Yo respondí a todas, claro. Con cada uno de los detalles, porque sino serían capaces de hasta amordazarme para sacarme toda la información.

Era la hora libre. Carol iba a comprarse algunas golosinas e Inés iba a acompañarla. No me apetecía seguir con el interrogatorio, así que decidí ir al baño.
En el instituto había poca gente. Probablemente todos estarían fuera. Todavía no me entraba en la cabeza que de verdad Álex me quisiera, a mí, para ir a los bolos. Dios mío, era algo imposible.
Entré en el baño y tampoco había nadie. Me metí en uno de ellos. Cuando estaba dentro oía algunos pasos y susurros.

Ya sabéis, si queréis el siguiente, avisadme por twitter!

No hay comentarios:

Publicar un comentario